Una narración literaria debe contar con ciertos componentes indispensables y es necesario estudiar la historia y las acciones que la componen (argumento), los personajes que las llevan a cabo, el tiempo y el espacio donde se desarrollan.
Para introducir cada uno de estos componentes, el camino más fácil consiste en redactar brevemente el contenido de la obra.
La primera finalidad del narrador es conseguir escribir la historia de un modo sencillo y comprensible para el lector, siguiendo un orden. Pero a veces sucede que el orden de las narraciones sufra modificaciones.
El autor tiene plena autonomía a la hora de contextuar la historia. Puede acelerar o ralentizar la acción a su conveniencia, detenerla para permitir que los personajes hablen, anticipar o posponer hechos, ocultar datos y reservarlos para el momento oportuno, ofrecer pistas falsas, centrar la atención en determinados aspectos, etc.
Este recurso es utilizado para suscitar en el lector diversos estados emocionales (expectativa, incertidumbre, intriga, serenidad…) y captar su interés.
Los personajes son el elemento fundamental de la narración ya que son el hilo conductor de los hechos.
Los escritores otorgan principal importancia al protagonista y al antagonista ya que de ellos dependen tanto la historia como el carácter de los demás personajes. Además, el talento que otorga al protagonista puede desencadenar el clima emocional de la historia.
En el desarrollo de una obra, los personajes se distinguen por su grado de participación. Podemos distinguir:
En el desarrollo de una obra, los personajes se distinguen por su grado de participación. Podemos distinguir:
Principales:
Entre los personajes principales suele haber uno que es el central, el más importante de todos: el protagonista. Es el personaje que cobra mayor importancia a lo largo de de la narración. Puede ser un individuo, varios o una colectividad y es un personaje que evoluciona a lo largo de la novela. A veces, se le opone un antagonista.
Secundarios:
Aunque también intervienen en los hechos, tienen una participación menor que los personajes principales.
Cada personaje tiene su papel en la obra y el autor sabe dónde y cuándo deben aparecer.
Existen dos maneras de caracterizar a los personajes:
La caracterización directa permite conocer a los personajes a partir de los datos que proporciona el narrador u otro personaje del relato.
La caracterización indirecta permite deducir cómo son a través de sus pensamientos, comentarios, acciones, reacciones, gestos, etc.
Cuando se analiza el tiempo de la narración conviene tener en cuenta esta distinción:
El tiempo externo o histórico: es la época o momento en que se sitúa la narración. Puede ser explícito o deducirse del ambiente, personajes, costumbres, etc.
EL tiempo interno: es el tiempo que duran los acontecimientos narrados en la historia. Puede ser toda una vida o varios días. El autor selecciona los momentos que juzga interesantes y omite (elipsis =saltos temporales) aquellos que considera innecesarios.
El espacio es el sitio en el que se sitúan los personajes y los ambientes geográficos y sociales en los que se desarrollan las acciones.
