El texto literario encierra una relación de
comunicación entre emisor (narrador) y receptor (lector)
vinculado mediante el universo interno de la obra.
El universo interno lo crea el autor a su preferencia, de acuerdo con sus conocimientos y experiencias. El autor es el único soberano; él rige ese universo y dentro él puede modificar las características de la obra, sus personajes, su espacio y el tiempo en el que transcurre la historia, como ya hemos mencionado anteriormente.
El universo interno lo crea el autor a su preferencia, de acuerdo con sus conocimientos y experiencias. El autor es el único soberano; él rige ese universo y dentro él puede modificar las características de la obra, sus personajes, su espacio y el tiempo en el que transcurre la historia, como ya hemos mencionado anteriormente.
Puede alargar o acortar los acontecimientos, comenzar
por el final, introducir otros relatos,
condensar o alargar el tiempo, relatar hechos que sucedieron hace siglos como si
ocurrieran simultáneamente, alterar retratos
de personajes…
Si el universo interno está bien trazado, hace que el
lector se involucre porque lo obliga a penetrar en el universo interno y, al
mismo tiempo, le presenta las cosas desde diferentes ángulos y le da libertad
para que construya su propio enfoque. Esta es una manera de enganchar al lector
y hacer que se apropie e interiorice de la historia. A su vez, el lector puede
aprender pequeños detalles que antes no conocía e incluso experimentar cambios
en su forma de vida cuando lee relatos basados en la vida real o
relatos realistas.
El lector será capaz de acoger el mensaje enviado por
un autor si en aquel se dan las condiciones culturales, sociales y psíquicas
requeridas en cada caso. Este "lector virtual", será capaz de valorar los recursos técnicos empleados,
la estructura manejada y el sentido del mensaje contenido en la propia obra.